Cómo el cambio climático afecta a nuestros sueños y a nuestra fe

Cómo el cambio climático afecta a nuestros sueños y a nuestra fe

 

El cambio climático es una realidad que nos afecta a todos, tanto en el plano físico como en el emocional. Según un estudio publicado en la revista Science Advances1, el aumento de las temperaturas y los eventos climáticos extremos están alterando la forma en la que soñamos, provocando más pesadillas y sueños relacionados con el estrés y la ansiedad.

Los investigadores analizaron los sueños de más de 16.000 personas de 24 países durante los últimos cinco años y encontraron una correlación entre las condiciones climáticas y el contenido de los sueños. Así, las personas que vivían en zonas más calientes o afectadas por sequías, inundaciones o incendios tendían a tener sueños más negativos, violentos o catastróficos que las que vivían en zonas más templadas o estables.

Pero el cambio climático no solo afecta a nuestros sueños, sino también a nuestra fe. Según el psicólogo y teólogo cristiano David Jenkins, los sueños son una forma de comunicación entre Dios y nosotros, y reflejan nuestro estado espiritual y nuestra relación con Él. “Los sueños son una ventana al alma, y nos muestran lo que nos preocupa, lo que nos alegra, lo que nos desafía y lo que nos llama a la acción”, explica Jenkins.

Jenkins afirma que el cambio climático es un desafío para nuestra fe, ya que nos confronta con la responsabilidad de cuidar la creación de Dios y de amar al prójimo como a nosotros mismos. “Dios nos ha dado este mundo maravilloso para que lo disfrutemos y lo administremos con sabiduría, pero también para que lo compartamos con los demás, especialmente con los más vulnerables y necesitados”, dice Jenkins.

Jenkins sugiere que podemos aprovechar nuestros sueños para fortalecer nuestra fe y nuestra esperanza en Dios, y para buscar su voluntad y su dirección en medio de la crisis climática. “Podemos orar por nuestros sueños, pedirle a Dios que nos hable a través de ellos, que nos revele lo que quiere que hagamos, que nos consuele y nos anime”, dice Jenkins. “También podemos compartir nuestros sueños con otros cristianos, para apoyarnos mutuamente, para discernir juntos el mensaje de Dios y para actuar en consecuencia”.

Jenkins concluye que el cambio climático es una oportunidad para crecer en nuestra fe y en nuestro amor a Dios y al prójimo, y para ser testigos de su gracia y su poder en medio de las dificultades. “Dios está con nosotros en todo momento, incluso cuando soñamos. Él puede transformar nuestros sueños en instrumentos de bendición, de sanación y de cambio”, dice Jenkins.

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