La ciencia confirma la verdad de la Biblia - Parte 1.

La ciencia confirma la verdad de la Biblia - Parte 1.

La Biblia es la Palabra de Dios, inspirada por el Espíritu Santo, que revela su voluntad, su amor y su plan de salvación para la humanidad. La Biblia no es un libro de ciencia, pero contiene verdades científicas que demuestran su veracidad y su autoridad.

A lo largo de la historia, muchos científicos han descubierto hechos que ya estaban escritos en la Biblia desde siglos o milenios antes. Estos descubrimientos confirman que la Biblia es un libro fiable y actual, que no se contradice con la evidencia observable, sino que la complementa y la explica.

Veamos algunos ejemplos de hechos científicos que aparecen en la Biblia:

1. La forma esférica de la Tierra. 

Antes de que se demostrara que la Tierra era redonda, la Biblia ya lo afirmaba en Isaías 40:22: "Él es el que está sentado sobre la redondez de la tierra…". Este versículo muestra que Dios conoce la verdadera forma de la Tierra, que él mismo creó.

2. La flotación de la Tierra en el espacio.

La ciencia nos explica que la Tierra flota en el espacio gracias a la gravedad, la fuerza que atrae a los cuerpos con masa. La Tierra es atraída por el Sol, que es mucho más grande y masivo que ella. Sin embargo, la Tierra no se estrella contra el Sol, sino que se mantiene en una órbita estable. Esto se debe a que la Tierra tiene una velocidad de rotación alrededor del Sol de unos 100 kilometros por hora, que crea una fuerza centrífuga que contrarresta la gravedad. Además, la Tierra está a una distancia del Sol de unos 150 millones de kilómetros, que es la distancia óptima para que la Tierra reciba la cantidad adecuada de luz y calor del Sol, sin quemarse ni congelarse.

La Biblia nos revela que la Tierra flota en el espacio por la voluntad de Dios, que la creó y la sostiene con su palabra. En el libro de Job, capítulo 26, versículo 7, leemos: “Dios cuelga a la Tierra sobre nada”. Este versículo, escrito hace más de 3.000 años, anticipa el descubrimiento científico de que la Tierra no está apoyada en ningún soporte físico, sino que flota en el vacío del espacio. Este versículo también muestra que Dios tiene el control absoluto sobre la Tierra, que depende totalmente de él para existir y subsistir.

3. La composición atómica de la materia. 

No fue hasta el siglo XIX que se descubrió que toda la materia visible se compone de elementos invisibles llamados átomos. Sin embargo, la Biblia ya lo sugería en Hebreos 11:3: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”. Este versículo indica que Dios creó todo lo que existe a partir de la nada, mediante su palabra poderosa.

4. Las dimensiones ideales para la estabilidad de los buques.

Los constructores de barcos saben que para que una nave flote se necesita que lo largo sea seis veces su ancho. Esta proporción se conoce como el número de Froude, y se descubrió en el siglo XIX. Sin embargo, Dios ya le dio las medidas perfectas a Noé hace 4.500 años, cuando le ordenó construir el arca. En Génesis 6:15-16 leemos: “Y de esta manera la harás: de trescientos codos la longitud del arca, de cincuenta codos su anchura, y de treinta codos su altura. Una ventana harás al arca, y la acabarás a un codo de elevación por la parte de arriba; y pondrás la puerta del arca a su lado; y le harás piso bajo, segundo y tercero”. Estas medidas cumplen con el número de Froude, y permitieron que el arca resistiera el diluvio universal.

5. La importancia de la higiene en la guerra: una lección bíblica y histórica

La guerra es un escenario donde la vida humana se ve amenazada no solo por las armas, sino también por las enfermedades. La falta de higiene, el hacinamiento, la escasez de agua potable y el contacto con los cadáveres son factores que favorecen la propagación de infecciones que pueden ser mortales.

Un ejemplo de esto lo encontramos en la Primera Guerra Mundial, que causó la muerte de unos 10 millones de soldados, de los cuales alrededor de un tercio falleció por enfermedades como el cólera, la tifoidea, la disentería, la gripe y el tétanos. Muchas de estas muertes se podrían haber evitado con medidas simples de higiene, como el aislamiento de los desechos humanos, que eran una fuente de contaminación y de transmisión de gérmenes.

Curiosamente, esta medida de higiene ya había sido ordenada por Dios a su pueblo hace más de 3.000 años, cuando los israelitas vagaban por el desierto. En el libro de Deuteronomio, capítulo 23, versículo 13, leemos: “Como parte de tu equipo tendrás una estaca, con la que cavarás un hueco y, después de hacer tu necesidad, cubrirás tu excremento”. Esta norma tenía como objetivo mantener el campamento limpio y evitar la ira de Dios, que habitaba en medio de su pueblo.

Estos son solo algunos de los muchos hechos científicos que aparecen en la Biblia, y que demuestran que la Biblia es un libro inspirado por Dios, que conoce todas las cosas. La ciencia no es enemiga de la fe, sino que la confirma y la enriquece. Como cristianos, podemos confiar en la Biblia como la fuente de verdad y vida, y estudiarla con diligencia y reverencia.