La pobreza en el mundo: una llamada a la solidaridad cristiana

La pobreza en el mundo: una llamada a la solidaridad cristiana

 

La pobreza es una realidad que afecta a millones de personas en el mundo, que viven en condiciones de miseria, exclusión y vulneración de sus derechos humanos. Según el Banco Mundial, unos 783 millones de personas viven por debajo del umbral de pobreza internacional, con 1,90 dólares diarios. Esta cifra representa el 10% de la población mundial, y aunque ha disminuido considerablemente en las últimas décadas, sigue siendo un problema grave que afecta especialmente a las regiones de África subsahariana y Asia meridional.

Pero la pobreza no se mide solo por los ingresos, sino también por el acceso a servicios básicos como la salud, la educación, el agua potable y el saneamiento. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) elabora cada año el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), que tiene en cuenta estas dimensiones y otras como la nutrición, la electricidad, el combustible para cocinar, la vivienda y los activos. Según este índice, hay 1.300 millones de personas que sufren pobreza multidimensional en el mundo, y la mitad son niños menores de 18 años. El IPM muestra que la pobreza es más intensa y generalizada en las zonas rurales que en las urbanas, y que afecta más a las mujeres que a los hombres.

La pobreza también tiene un componente relativo, que depende del contexto y del nivel de vida de cada país. Así, lo que se considera pobreza en un país rico puede ser muy diferente de lo que se considera pobreza en un país pobre. Por eso, algunos investigadores proponen establecer un umbral de pobreza moderada basado en lo que cada país define como pobreza. Según esta propuesta, una persona sería pobre si vive con menos de 30 dólares al día, que es el promedio de lo que se considera pobreza en Europa y Estados Unidos. Si aplicamos este criterio, entonces el 85% de la población mundial podría considerarse pobre.

La pobreza es un desafío global que requiere acciones urgentes y coordinadas de todos los actores: gobiernos, organizaciones internacionales, sociedad civil, sector privado y ciudadanía. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, adoptada por la ONU en 2015, establece como primer objetivo poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo. Para lograrlo, se plantean metas como garantizar el acceso a los recursos y servicios básicos, proteger los derechos humanos, reducir las vulnerabilidades y promover la inclusión social y económica de todas las personas.

La pobreza no es inevitable ni natural. Es el resultado de decisiones políticas, económicas y sociales que pueden cambiarse. La pobreza es una violación de la dignidad humana y una amenaza para la paz y el desarrollo. La pobreza es un problema de todos y todas, y solo juntos podemos acabar con ella.

Como cristianos, estamos llamados a vivir la solidaridad con los pobres como una expresión de nuestro amor a Dios y al prójimo. La Biblia nos enseña que Dios tiene un especial cuidado por los pobres y los oprimidos, y que nos invita a compartir nuestros bienes con ellos (Deuteronomio 15:7-11; Mateo 25:31-46; Lucas 16:19-31; Santiago 2:14-17). Jesús mismo se identificó con los pobres y nos mostró el camino del servicio humilde y generoso (Lucas 4:18-19; Filipenses 2:5-11). El Espíritu Santo nos capacita para ser testigos del amor de Dios en el mundo y para ser agentes de su justicia y su paz (Hechos 1:8; Miqueas 6:8; Romanos 12:9-21).

La solidaridad cristiana con los pobres implica no solo dar limosna, sino también comprometernos con las causas estructurales de la pobreza y con la transformación de las realidades injustas. Implica también reconocer la dignidad y el valor de cada persona, y respetar su libertad y su diversidad. Implica también escuchar y aprender de los pobres, y dejarnos enriquecer por su fe y su esperanza. Implica también orar y agradecer a Dios por su provisión y su gracia.

La pobreza en el mundo es una llamada a la solidaridad cristiana. Es una oportunidad para vivir el Evangelio y para ser sal y luz en el mundo. Es una ocasión para crecer en la fe y en el amor, y para experimentar la alegría de dar y de servir. Es una invitación a seguir a Jesús, el pobre de Nazaret, que nos amó hasta el extremo y que nos prometió la vida eterna.

Pobreza - Desarrollo Sostenible - الأمم المتحدة

PNUD | Índice de Pobreza Multidimensional

La ONU denuncia que hay 1.300 millones de pobres en el mundo y la mitad son niños | RTVE

Así es el cómputo real de la pobreza: el 85% de la población mundial vive con menos de 30 dólares al día | El Economista