
El presidente ruso, Vladimir Putin, ha enviado a su ministro de Defensa, Sergei Shoigu, a Corea del Norte para reunirse con el líder norcoreano, Kim Jong-un, con el objetivo de reforzar la cooperación militar entre ambos países1. Según fuentes cercanas al Kremlin, Putin estaría interesado en adquirir armas nucleares y misiles balísticos de Corea del Norte, así como en compartir información y tecnología militar2.
La visita de Shoigu se produce en un momento de tensión entre Rusia y Estados Unidos, que han acusado mutuamente de violar el tratado de desarme nuclear INF3. Además, Rusia se enfrenta a sanciones económicas y diplomáticas por parte de Occidente por su anexión de Crimea y su apoyo al régimen sirio de Bashar al-Assad.
Corea del Norte, por su parte, ha reanudado sus pruebas nucleares y de misiles después de que fracasaran las negociaciones con Estados Unidos para lograr la desnuclearización de la península coreana. El régimen de Kim Jong-un ha desarrollado armas nucleares capaces de alcanzar territorio estadounidense y ha mostrado su disposición a venderlas a otros países.
La alianza entre Rusia y Corea del Norte no es nueva. Ambos países mantienen relaciones diplomáticas desde 1948 y han colaborado en diversos ámbitos, especialmente durante la Guerra Fría. Sin embargo, en los últimos años se habían enfriado debido a las presiones internacionales para que Rusia apoyara las sanciones contra Corea del Norte por su programa nuclear.
Ahora, Putin parece dispuesto a retomar el acercamiento con Kim Jong-un, aprovechando el aislamiento y la necesidad económica de Corea del Norte. Según algunos analistas, Putin busca contrarrestar la influencia de Estados Unidos y China en la región y demostrar su poderío militar ante el mundo.
¿Qué implica esta alianza para los cristianos?
La alianza entre Rusia y Corea del Norte representa una amenaza para la paz y la seguridad mundial, así como para los derechos humanos y la libertad religiosa. Corea del Norte es considerado el país más hostil para los cristianos, donde se estima que hay unos 300.000 fieles que viven bajo una severa persecución. Los cristianos son vistos como enemigos del Estado y son sometidos a arrestos, torturas, trabajos forzados y ejecuciones.
Rusia, por su parte, ha endurecido las restricciones contra las minorías religiosas, especialmente los protestantes, que son acusados de ser agentes extranjeros y sectarios. El gobierno ruso ha prohibido la distribución de literatura religiosa, ha cerrado iglesias y organizaciones cristianas, ha multado y encarcelado a pastores y ha impedido la evangelización pública.
Ante este panorama, los cristianos debemos orar por nuestros hermanos perseguidos en Corea del Norte y Rusia, para que Dios les dé fortaleza, consuelo y esperanza. También debemos orar por los líderes políticos de estos países, para que Dios les conceda sabiduría, arrepentimiento y conversión. Asimismo, debemos denunciar las injusticias y violaciones de los derechos humanos que se cometen en estos países y apoyar a las organizaciones que trabajan por la defensa de la libertad religiosa.
Finalmente, debemos recordar que nuestra ciudadanía está en los cielos (Fil 3:20) y que nuestra esperanza está puesta en Cristo, el Príncipe de Paz (Is 9:6), que vendrá a establecer su reino de justicia y paz (Ap 21:1-4). Mientras tanto, debemos ser fieles testigos de su amor y su verdad en medio de un mundo caído y conflictivo (Mt 5:13-16).