.jpg?alt=media&token=356c5bc9-1466-48b7-83ad-3a28f88626a7)
Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
Negándose a sí mismo y tomando su cruz
En el evangelio de Marcos 8:34, Jesús hace una declaración radical a sus seguidores: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame". Esta poderosa afirmación revela un aspecto central del discipulado cristiano: la necesidad de negarnos a nosotros mismos y abrazar nuestra cruz si queremos seguir verdaderamente a Cristo.
¿Qué significa negarse a uno mismo?
Negarse a uno mismo es un concepto complejo. En esencia, significa renunciar voluntariamente a nuestra voluntad propia y someternos a la voluntad y señorío de Dios. Implica "morir" al egoísmo y al pecado que tan fácilmente nos domina debido a nuestra naturaleza caída. Como escribió el apóstol Pablo: "He sido crucificado con Cristo; y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí" (Gálatas 2:20).
Negarse a sí mismo requiere humildad y entrega total. Debemos rendir diariamente nuestros propios deseos, ambiciones, sueños y hasta nuestras vidas a los propósitos eternos de Dios. Como modelos, tenemos a Cristo, quien oró en Getsemaní: "no se haga mi voluntad sino la tuya" (Lucas 22:42), así como el apóstol Pablo quien declaró: "Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí".
Abrazar la cruz
Tomar la cruz se relaciona directamente con negarse a uno mismo, y se refiere a abrazar voluntariamente los sufrimientos, pruebas y persecuciones que seguramente vendrán por seguir fielmente a Cristo. Jesús está llamando a sus seguidores a una vida de entrega total, sin importar el costo. Ser un verdadero cristiano no es un camino fácil guiado por la comodidad y el éxito mundano, sino uno que inevitablemente involucra luchas, sacrificios, rechazo e incluso martirio. Tomar la cruz significa caminar por el mismo sendero angosto de sufrimiento y obediencia recorrido por Cristo, incluso si esto nos lleva a la muerte.
Claramente, este llamado de Cristo va en contra de nuestra naturaleza humana. Naturalmente, nos aferramos a nuestra voluntad y evitamos el sufrimiento a toda costa. Pero como advierte Jesús, aquellos que intentan aferrarse egoístamente a sus vidas, pensando solo en sí mismos, irónicamente las perderán (Marcos 8:35). Solo al soltar voluntariamente nuestra vida en completa entrega y confianza en Dios, podemos encontrar vida verdadera y eterna en Cristo.
Un acto de fe y amor
Negarse a uno mismo y tomar la cruz no es una filosofía estéril o teoría religiosa. Al contrario, es un acto de fe práctica y amor en acción que debe permear cada día de nuestras vidas. Cuando escogemos negarnos a nosotros mismos y abrazar la cruz, demostramos que de verdad confiamos que Dios tiene el absoluto control y que cualquier sufrimiento temporal que experimentemos en esta vida no se compara en nada a la eterna gloria venidera que nos espera (Romanos 8:18).
Tomar la cruz también demuestra nuestro amor por Cristo, un amor que trasciende incluso nuestro instintivo apego a la comodidad y supervivencia. Jesús mismo nos dejó este ejemplo supremo de sacrificio cuando cargó voluntariamente la cruz y soportó una muerte de oprobio por amor a nosotros. Si de verdad lo amamos y anhelamos seguir sus pasos como nuestro Maestro y Señor, entonces debemos estar dispuestos a abrazar cualquier cross que él, en su sabiduría y amor, permita en nuestras vidas.
Cristo nos acompaña en el camino
Aunque Jesús nos llama a cargar nuestras cruces, él no espera que lo hagamos solos. Al contrario, él promete caminar a nuestro lado cada paso del camino, dándonos su gracia para soportar cualquier carga y vencer toda prueba. Como el apóstol Pablo dijo una vez más: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4:13). Al negarnos a nosotros mismos y seguir fielmente a Cristo día tras día, experimentaremos el profundo propósito, la paz y el gozo que solo se encuentran en él.
¿Estás dispuesto a seguir a Jesús? ¿Estás dispuesto a renunciar a ti mismo, tomar tu cruz y seguirlo? ¿Estás dispuesto a perder tu vida por él y por el Evangelio? Jesús te llama, te espera, te ama. No le defraudes. Síguelo.